JOSÉ PUIG VALERA, OTRO CENTENARIO

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Lápida de 1917 que había hasta hace unos años

El pasado viernes, 5 de mayo, se cumplió el centenario de que se le dedicara una calle en Santomera, por acuerdo del Ayuntamiento de Murcia de 5 de mayo de 1917, ante el deseo de todos los vecinos. La calle Mayor, coincidente con la carretera nacional 340, la más larga e importante de Santomera, pasó a llamarse Calle del Maestro Puig Valera. En homenaje a esos cien años, y a la figura del maestro Puig Valera, va dedicado este trabajo, que profundizará en aspectos de su vida que no trató el cronista Paco Cánovas; a esos cien años y a la necesidad que tiene nuestro pueblo de recuperar su historia antes de que se transforme, definitivamente, en un dormitorio de Murcia. Ahora, más que nunca, necesitamos construir un relato, si es histórico, mejor, de una Santomera con la necesidad de conocerse a si misma.

JOSÉ PUIG VALERA,
UN SANTOMERANO PARA LA HISTORIA

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José Puig Valera

El 1 de enero de 2004 se cumplía el centenario de la muerte del maestro José Puig Valera, que falleció en Alumbres (Cartagena), después de 30 años ejerciendo su magisterio en Santomera y siendo, en palabras del cronista oficial de Santomera, Paco Cánovas, “el pensamiento y la palabra de todos los santomeranos, a los que se entregó totalmente durante los mejores años de su existencia”. La única conmemoración de ese centenario fue el recuerdo de nuestro citado cronista en un artículo titulado “José Puig Valera, ¡el Maestro!” en la revista mensual La Calle de Santomera, en su número de enero de 2004, donde glosa su trabajo como maestro y la labor social que ejerce en el pueblo, volcando su vida en ello.

José Puig Valera, a pesar de que muchos lo consideraban y consideran valenciano por su apellido, nació en Urrácal, un pequeño pueblo de Almería situado en el Valle del Almanzora, en las estribaciones sureñas de la Sierra de las Estancias, no muy lejos de Olula del Río, que tenía casi 850 habitantes cuando él nació y en la actualidad apenas pasa de los 300, teniendo ayuntamiento propio y una extensión de 25 kilómetros cuadrados. En la actualidad gobierna el PSOE. Sus progenitores, Antonio y María Josefa, eran ambos de Lorca.

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Urrácal (Almería), pueblo natal de Puig Valera

Veamos la pequeña biografía del maestro que hace su hijo, el insigne historiador Antonio Puig Campillo (Santomera, 3-12-1876, Cartagena, 15-2-1960), en una de las pocas ocasiones en que habla de su padre en sus numerosas publicaciones; en este caso “Martínez Palao y sus doctrinas pedagógicas” (Cartagena, 1929), recogida por José María Rubio Paredes en la “Biografía de Antonio Puig Campillo” (Cartagena, 1985):

Don José Puig Valera nació en Urrácal (Almería) el 13 de junio de 1850. Como alumno interno ingresó en el Seminario de San Fulgencio de Murcia, y en los académicos de 1860 a 1866 cursó cuatro años de latinidad y Humanidades y el primero y segundo de Filosofía, aprobando todas sus materias con la censura literaria de “meritísimus”. Convencido de la grandeza del ministerio sacerdotal y de la extraordinaria responsabilidad que lleva consigo no se consideró con fuerzas bastantes para desempeñarlo, y abandonó el Seminario, trasladándose a Lorca en cuyo Instituto estudió el Bachillerato; obtuvo en la Escuela Normal de Murcia el título de maestro de primera enseñanza superior y consiguió, mediante oposición la escuela elemental de niños de Santomera (Murcia) de la que se posesionó el 17 de julio de 1870. Enamorado del liberalismo, alistose en uno de los batallones de la Milicia Ciudadana de la capital; se le concedió en febrero de 1872 la Cruz de primera clase creada para premiar los servicios de los Voluntarios de la Libertad.

Con don Pascual Martínez Palao y el profesor de la Escuela Normal D. Ramón Jiménez de Lafuente formó en el Partido Republicano, aceptando el caudillaje de D. Antonio Gálvez Arce, del que fue secretario particular en los días del Cantón murciano (…) El valimiento de D. Rufino Marín-Baldo le reintegró a su escuela y dedicose por entero a la educación y a la enseñanza, llevando en su mente la vocación y conocimiento pleno de su camino y de los altos fines de su misión. Y no fue solamente un profesional. Por su hombredad se afirmó hermano de otros hombres y, por ende, se hizo amar de ellos fraternalmente.

Inicio y fundó una Asociación de Caridad en Santomera, cuyas bodas de oro se celebraron con esplendor en 1925, desde aquel entonces, todos los enfermos pobres vienen teniendo en sus domicilios alimentos, medicinas y asistencia médica gratuitamente. Por su actuación en la epidemia colérica de 1885 se le propuso para la Cruz de Beneficencia. Durante treinta años consecutivos fue el pensamiento y el verbo de Santomera que conserva su nombre unido a todos sus recuerdos; a petición de su vecindario, el Ayuntamiento de Murcia dio (5/5/1917) a la calle Mayor el nombre del Maestro Puig Valera, ofrendándose por ello popular homenaje a su memoria.

Fervoroso creyente en Cristo, dejó de su religiosidad elocuentes testimonios, más que en los libros de los cabildos parroquiales, en la conducta de las generaciones que educó. D. José Puig Valera falleció en Alumbres (Cartagena) el 1 de enero de 1904.

La mayor parte de la vida personal y profesional de José Puig Valera va a transcurrir en el contexto de la Restauración borbónica, con el sistema bipartidisda con turno de partidos y en plena España de los caciques, durante el último cuarto del siglo XIX, en Santomera, a la que dedicó todos sus esfuerzos por mejorar la educación y formación de sus hombres y luchó por la mejora de sus condiciones de vida, como veremos más adelante. Republicano federalista convencido y formado en las filas de los Voluntarios de la LIbertad transmitió esta ideología a su primogénito Antonio, al que según José María Jover Zamora, en el prólogo a su obra “El Cantón Murciano” pasó su peso y fuerza y la información directa de los datos que por experiencia familiar tenía.

Con veintitrés años de edad, y tres de ejercicio docente en Santomera, participa en la insurrección cantonal de Cartagena, durante la I República, junto a Antonete Gálvez, del que va a ser su secretario personal durante todo el conflicto y en el que tiene una fe ciega. Acompaña al gobernador de Murcia, Antonio Altadill, y a los diputados don Antonio Gálvez y don Jerónimo Poveda cuando estos llegan en tren a Cartagena el 12 de julio de 1873 y la Junta Soberana Revolucionaria nombra a Gálvez Comandante general de las fuerzas de Milicia, Ejército y Armada, donde enarbolan la bandera roja ante el Ayuntamiento, proclamando el Cantón Murciano a los gritos de ¡Viva la República Federal! ¡Viva la Soberanía del Pueblo!

En “El Cantón Murciano”, clásico de la historiografía regional, A. Puig Campillo, relata como a la mañana siguiente de la proclamación, el 13 de julio, A. Gálvez en compañía de su hijo Enrique y de don José Puig Valera, se embarcan y, con la bravura que caracterizaba al caudillo, se aproximaron a la fragata Almansa, dirigiendo a los tripulantes una calurosa arenga, al grito de ¡abajo los galones!, y convenciéndoles de que se sumaran a la causa. Una hora después, se generaliza el pronunciamiento y se suma a la causa la mayor parte de la escuadra española. Según el historiador cartagenero José María Rubio Paredes, queda por conocer cuál fue su intervención en las andadas federales galvianas en 1868-1873 ya que se alistó en uno de los batallones de la Milicia Ciudadana de Murcia y se le concedió la Cruz de primera clase. Aparte de acompañar a Gálvez, desconocemos si permaneció en Cartagena durante el período cantonal, cuál fue su actuación y cuál su situación, además de la arenga a las fragatas, dónde estaba cuando el ejército centralista entró en Cartagena tras el fracaso del suceso cantonal. Sí sabemos, gracias al trabajo de los historiadores santomeranos Cristina González y José Antonio Campillo sobre la historia de la Segregación del municipio de Santomera, que en un discurso que su hijo Antonio Puig Campillo hizo en Santomera en el acto de inauguración del Círculo Republicano Federal de la localidad, y noticiado en El Liberal, el 1 de agosto de 1931, hizo referencia a su padre, después de que se escuchara la Marsellesa y el Himno de Riego y varios oradores venidos de varios lugares de Murcia. Así aparecía parte de la noticia:

“En medio de una clamorosa ovación se levantó a hablar el eminente escritor federal, idolatrado en Santomera, don Antonio Puig Campillo, recogiendo los aplausos y ofreciéndolos como una merecida corona al pueblo de Santomera y a la Junta Directiva.

En párrafos elocuentes y sentidos tributa un entusiasta recuerdo al primer alcalde republicano cantonal de Santomera, don Francisco Candel y a su progenitor el cultísimo profesor Puig Valera, que al invadir revolucionariamente a Orihuela, debió la vida que tuvo en sus manos, al pundonoroso oficial de la guardia civil, don Mariano Artés”.

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José Puig Valera, sentado, y Antonete Gálvez con la escopeta

El Portal Libertario OACA, en su publicación sobre el Cantón de Cartagena, incluye a Puig Valera en su lista de Tipos más que de leyenda junto a los más representativos de la insurrección cantonal, calificándolo como representante del pueblo o padre de la patria, murciano y que se distinguió como joven muy culto y distinguido, siempre junto a Antonete Gálvez. Solo cabe imaginarse la influencia que ejerció un hombre de sus características en un pueblo, Santomera, con una tasa altísima de analfabetismo, pobreza infinita entre la mayoría de las almas que lo habitaban y dominado por la media docena de caciques que eran los propietarios de casi todas las tierras.

Después de ser reincorporado a su puesto de trabajo en la escuela de niños de Santomera, gracias a la intervención de su amigo e influyente hombre en la capital murciana, Rufino Marín-Baldo, se va a dedicar por completo a la enseñanza y a mejorar las condiciones de vida de los santomeranos. De cómo se volcó en ambas labores y de sus cualidades humanas da buena cuenta en su artículo de La Calle de Santomera el cronista Paco Cánovas. Jose María Rubio Paredes, en la biografía del hijo de Puig Valera, Antonio Puig Campillo, cuando da cuenta de la biografía que este escribe de su padre, nos dice que lo hace “movido por el convencimiento de que en ella se encuentran las raíces vivenciales del historiador. En el fervor descriptivo queda manifiesta su inquebrantable respeto y amor a la familia, honrando al padre, a la hombría de bien, a la religiosidad cristiana y al ministerio sacerdotal, a la admiración vocacional por la enseñanza y la educación de la infancia y juventud, a la filiación política republicano-federal. Constituyentes del cimiento vital de Puig Campillo, que son tomados de su padre. La simpatía –en toda la carga y alcance etimológico- entre hijo y padre es manifiesta (…) la fidelidad permanente de Antonio Puig a su cimiento; en toda su construcción vital utilizó los mismos materiales y mantuvo las líneas básicas en sus fachadas, en su cubierta, en sus detalles interiores”.

Rubio Paredes recoge en su biografía de A. Puig una anécdota que el historiador cuenta, referente a su padre y Emilio Castelar, en su trabajo Cervantes en Murcia y Cartagena, que nos puede dar una idea de cómo era su personalidad. Ocurre en Murcia, a final de septiembre de 1876, cuando el escritor apenas lleva un año casado y aún no ha nacido su primer hijo. Así lo narra Puig Campillo:

El orador magnífico marcha por la Trapería acompañado de D. Rufino Marín-Baldo, D. José y D. Juan Cayuela, D. Germán Florez, D. Francisco Pérez Guillén y D. José Martínez Tornel, en dirección a la plaza de Santo Domingo. Un conocido maestro rural (José Puig Valera) se cruza con el grupo y saluda cortésmente; Marín-Baldo le llama por su nombre, es muy amigo, y, con palabra afectuosa lo presenta a D. Emilio, diciéndole que es un maestro llamado a su función, fervoroso republicano y cantonal. En la tribuna, en la cátedra, en la conversación, Castelar es siempre orador. Estrechada la mano del maestro con la suya, enaltece la obra del magisterio, ensalza la idea republicana y condena acremente el cantonalismo. Todos reanudan su marcha. El maestro ha llegado al Arenal, todavía zumbando en sus oídos el reproche, recuerda estas palabras que, más vehementemente que sincero pronunció en las Cortes el gran tribuno: La democracia francesa está suprimida del mundo; la democracia americana llena con su esplendor la faz del mundo. Véase por qué yo quiero la república federal; y véase por qué yo jamás, jamás, jamás apoyaré ni defenderé una república unitaria. Fija su mirada en la sierra de Miravete, piensa en Antonete Gálvez y sus compañeros de exilio, fieles al ideario de su vida; asomada el alma a los labios, lanza un viva a la república federal. Al volverse, quédase sorprendido ante la presencia de un guardia municipal que le saluda llevando la mano a la visera de la gorra y, sonriente, le dice: No he oído nada.

PUIG VALERA:
EL ORIGEN DE LA ASOCIACIÓN DE LA CARIDAD

Acabada la aventura cantonalista, y con la restitución de Puig Valera a su escuela de Santomera, gracias a la intervención de su amigo Marín-Baldo, el maestro republicano federalista se va a dedicar por completo a sus labores educativa y social, aunque siempre tendrá presentes sus ideas políticas y valores; pero no tenemos conocimiento de qué fue de su vida al margen de los dos apartados anteriores, por lo que habrá que abrir un nuevo espacio de investigación para ampliar su biografía.

Ante la pobreza manifiesta y las penurias de la gran mayoría de los santomeranos, que constata en los tres años que lleva en el pueblo, toma la decisión de crear una institución benemérita que palíe esta situación. Así, el 12 de noviembre de 1874, se reúnen en la Casa Escuela de niños, en sesión preparatoria, las doce personas que van a crear la Asociación de la Caridad: Antonio Moñino Tejero, Julián Saura Torres, Antonio Aguilar Ayllón, Francisco Olmos Gil, José Guillén Úbeda, Juan Prior Martínez, José Fernández Gil, Francisco Jiménez González, Justo Pérez Justo, Juan Fernández Lapuente, José Laborda González y José Puig Valera. A partir de aquí se forma la primera Junta Directiva, con Antonio Aguilar como Presidente y José Puig Valera como Secretario. El objetivo principal de la Asociación será atender a pobres y enfermos, y en ello se volcarán. Quince días después pasa a presidir la Asociación Antonio Laliga Andúgar, y José Puig Valera sigue como Secretario. El 2 de julio de 1876 el reglamento de la Asociación es aprobado definitivamente por la Junta Provincial de Beneficiencia y una comunicación del Gobernador participándoles que están legalmente constituidos. Posteriormente, se van incorporando como socios los grandes propietarios de Santomera, incluso los que no viven en ella, como Juan y Andrés Murcia. En 1886 entra como socio y será Presidente durante muchos años Manuel Campillo González, que construirá posteriormente lo que conocemos como Casa Grande. Los estatutos se van a ver modificados en 1945. Para tener una idea más detallada de creación y evolución de la Asociación de la Caridad, recomiendo la lectura del artículo de Antonio González Sánchez en la revista de fiestas de Santomera de 1950.

Para darse una idea de la importancia que tuvo para Santomera la creación de “La Caridad”, como se la llama en Santomera, voy a intentar dar una idea de cómo vivían en el último cuarto del siglo XIX los desheredados de nuestro pueblo,y así comprenderemos mejor sus penurias. Para ello voy a utilizar datos obtenidos, en su mayoría, de la imprescindible obra de la historiadora María Teresa Pérez Picazo “Oligarquía urbana y campesinado en Murcia. 1875-1902”, el mejor retrato de la Murcia de la Restauración.

Tiene Santomera 413 vecinos, lo que significa casi tres mil habitantes, distribuidos socioprofesionalmente de la siguiente forma:

  • 290 Jornaleros
  • 106 Labradores
  • 10 Artesanos
  • 3 Propietarios
  • 3 Tiendas
  • 1 Cura
  • 1 Maestro

Podemos deducir que parte de los grandes propietarios no vivía en Santomera, y que la mayoría de la población dependía de la tierra arrendada o trabajaba para los terratenientes, algo propio de la España del caciquismo, con lo que eso llevaba consigo a la hora de elecciones o protestas. Como la casi totalidad de los habitantes de la huerta de Murcia, la población santomerana pertenece a las clases populares. Las condiciones de estas clases son tan malas que la vida media para un huertano si contamos desde el nacimiento es de 23 años, y de 44 si se calcula a partir de los cinco de edad…En algunos años de este cuarto de siglo la mortalidad llega a superar a la natalidad. Riadas, como la del 20 de enero de 1898 (el agua llega hasta Santomera), las epidemias de cólera de 1885 y 1890, el brote puntual aislado de viruela que se vivió en Santomera en 1894 (todos los días aparece en la prensa los muertos que provoca), provocan numerosos muertos (Santomera es de los más afectados de la huerta) y situaciones de pobreza insostenibles. Las muertes por enfermedades broncopulmonares e infectocontagiosas se llevan por delante a muchos santomeranos.

Se hace difícil alimentarse y proveerse de alimentos con el sueldo de un jornalero agrícola, que en la mayoría de los casos tiene una media de casi cinco hijos, y que se eleva en 1885 a 1,50 pesetas por día trabajado de sol a sol. ¿Bastaba para sacar una familia adelante quien tenía la suerte de tener trabajo? Estos eran los precios de algunos productos de ese periodo:

  • 1 kg de Tocino fresco; 1,50Pts;
  • 1 kg de Morcillas: 1,25 Pts;
  • 1 kg de Lomo: 3,00 Pts;
  • 1 litro de Aceite: 1,00Pts.

Compárense con los precios y sueldos actuales y se comprenderá la dureza de la vida de nuestros antepasados. Poco más, o lo mismo, ganaba un labrador o arrendatario, que, además, era explotado en las condiciones de arriendo, entre 20 y 25 pesetas por tahúlla y tenía que entregar una o dos gallinas por Navidad como “adeala”, a lo que hay que sumar que las tierras de la huerta de Santomera son las menos productivas porque tienen peor calidad que otras de la huerta murciana y tienen problemas de riego por estar en la cola de la vega del Segura murciana. Como decía Diaz Cassou a comienzos del siglo XIX: “Los de Santomera, con ser de riego, es milagro que rieguen”. Para colmo, los Garfía, se quedan, cuando les interesa, el agua de la acequia de Zaraíche para mover su molino instalado en el Merancho del Azarbe, en la huerta de Siscar. En esta situación, no es de extrañar que los primeros años de vida en Santomera, Puig Valera, posiblemente, viviera en casa de sus suegros. No olvidemos que el sueldo de un maestro de la época estaba entre 200 y 400 pesetas anuales. Puig Valera gastaba una parte de este escuálido sueldo en arreglar la escuela y comprar materiales para los alumnos. En “El Diario de Murcia” se publica lo que para Pérez Picazo sería un “Evangelio del perfecto obrero”:

El perfecto obrero debe ir a la escuela a instruirse al nivel que le corresponde. No debe eludir sus Quintas pues son una gran enseñanza para él. Debe ser en el trabajo sumiso, sufrido y trabajador y defender los intereses del amo aunque sea desagradecido. El díscolo el promovedor de huelgas, será valiente, tendrá ideas muy grandes sobre el porvenir del proletariado, o será muy independiente, pero cuando en la vida real que atravesamos sobrevenga una crisis, será el primero despedido en el obrador o en la tierra”.

Ante un panorama como el descrito por Pérez Picazo, se puede entender la importancia que tuvo la Asociación de la Caridad en nuestro pueblo, socorriendo a los más necesitados y haciendo una labor que se grabó en la memoria de los santomeranos, todo gracias al espíritu emprendedor y de solidaridad de un gran hombre, José Puig Valera, maestro de primera enseñanza y luchador contra la injusticia y desigualdad social.

José Puig Valera, hijo de Antonio y María Josefa, ambos de Lorca, contrajo matrimonio, en Santomera, el 23 de diciembre de 1875, con Teresa Campillo Martínez, hija de Rafael Campillo, natural de Santomera y de Benita Martínez, natural de San Andrés de Madrid. José tenía 25 años y Teresa, 19. Los casó el cura ecónomo Joaquín Ayuste y uno de los testigos fue José Martínez Herrera. Tuvieron siete hijos, de los que Antonio, el autor de El Cantón Murciano, fue el primogénito, naciendo el 3 de diciembre de 1876 a las dos de la tarde.

José Puig Valera se traslada como maestro a Alumbres (Cartagena), probablemente en 1890, donde muere el 1 de enero de 1904, a los 54 años de edad. La muerte de un hombre tan importante para la historia de Santomera, Murcia y Cartagena era comunicada diez días después, en una breve reseña por el diario El Liberal, de Murcia:

Ha fallecido en Alumbres el ilustrado profesor de Instrucción primaria nuestro amigo D. José Puig Valera, persona estimadísima por sus dotes de cultura y sus prendas de carácter.

El señor Puig estuvo muchos años desempeñando la escuela de Santomera, en donde, como en todas partes, consiguió ser apreciadísimo de todos.

A su esposa e hijos y demás afligida familia, enviamos con tan triste motivo la expresión de nuestro más sincero pésame”

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Alumbres (Cartagena), donde murió Puig Valera

Una vida y labor portentosas que merecen mucho más que este humilde trabajo, y seguir con la investigación de sus últimos años en Santomera y el por qué de su traslado a Alumbres, que aún no está clarificado. ¿Fue voluntario u obligado? ¿Se fue defraudado de que la labor de la Asociación de la Caridad, en manos de los terratenientes del pueblo, además de su labor de socorro y auxilio, sirviera para hacer proselitismo de determinada ideología? ¿Qué estaba pasando en Santomera para que en torno a 1900, según J.A. Campillo y Cristina González, en la prensa nuestro pueblo aparezca como una localidad con “personas sin ganas de trabajar ni de ir a la escuela” o “ un territorio sin aspiraciones, sin éxitos que se divisaran ni aún en lo más lejano”? Verdaderamente terrible, e inmerecido. Evidentemente, queda mucho por investigar sobre la figura de este santomerano de adopción, y en manos de jóvenes investigadores santomeranos dejo esa labor, en la que yo intentaré continuar, para dar a conocer la figura del que, posiblemente, más influyera en las conciencias de nuestro pueblo, tanto que sería recordado por la mayoría de la población con dos homenajes, uno dedicándole una calle en Santomera, la principal, en 1917; y otro, en 1931, recién proclamada la II República, en 1931, recordando su labor republicana en Santomera, viva, muy viva, más de veinticinco años después de su muerte.

Y, para acabar, un deseo: la calle Puig Valera, la principal del pueblo, solo está rotulada a la entrada a Santomera desde Alicante, no hay ninguna placa más que anuncie a visitantes y santomeranos en la calle que se encuentran; no la hay a la entrada desde Murcia, ni donde siempre estuvo la lápida con la que se inauguró la calle con su nombre, en la unión con la de La Gloria, justo en el edificio que hay al este de Cajamurcia, en lo que antiguamente era la casa de Manuel Campillo, de quien también habrá que hablar en alguna ocasión. El ruego es evidente, que se coloquen placas con el nombre del maestro y, si es posible, que la lápida original, la de 1917, se vuelva a poner en el lugar donde estaba. Si es que alguien la guarda y no está rellenando, junto al resto de la vivienda que la alojaba, algún camino de la huerta, de esa huerta en la que tanto sufrieron los santomeranos por los que luchó José Puig Valera, Don José Puig Valera, el MAESTRO.

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Calle Puig Valera en la actualidad

COLOFÓN

Como colofón de este trabajo, quiero dejar constancia de los dos homenajes que se le tributaron en 1917 y 1931, que aparecieron en varios diarios murcianos, como El Tiempo y El Liberal. En este último los comunicaron así:

HONRANDO A UN MAESTRO

Acto hermoso en Santomera

Cumpliendo el acuerdo tomado por el Ayuntamiento de dar a la calle Mayor del pueblo de Santomera, el nombre del maestro que durante 36 años estuvo al frente de la escuela de dicho pueblo, ayer se verificó el acto conmovedor de destapar la lápida que ha de dar el nombre a dicha calle del maestro Puig Valera.

Para dar solemnidad a dicho acto, el alcalde señor Palazón, delegó la representación del Ayuntamiento en el concejal señor Peñafiel, vecino de Santomera, asistiendo además una sección de la guardia municipal, al mando de un cabo.

También acudió una nutrida representación del Magisterio murciano de ambos sexos, el señor Inspector jefe de primera enseñanza don Ezequiel Cazaña, las autoridades y personas principales de la población.

Una banda de música amenizó el acto, tocando selectas composiciones frente al sitio en donde ha sido colocada la lápida, que aparecía cubierta con una bandera española.

Cuando estuvo reunida la comisión organizadora del festejo, se dirigió en unión de los invitados desde la casa del alcalde pedáneo al punto anteriormente citado, acompañando al hijo del ilustre pedagogo, nuestro querido amigo el ilustrado profesor de la Escuela de Industrias de Cartagena, don Antonio Puig Campillo.

El pueblo en masa, en compacto grupo, se congregó en torno a los comisionados, dispuesto a tributar al educador de muchas generaciones, el testimonio de su cariño.

Hecho el silencio el señor Peñafiel leyó un bonito discurso, en el que después de relatar a grandes rasgos el carácter y condiciones del llorado maestro, saludó en nombre de Santomera a los señores invitados, entonó un canto al pueblo que así honra a sus muertos, y con sentidas frases ha ofrendado al hijo del maestro Puig, todo el cariño que hacia su padre sentía la población entera.

Después adelantándose, en nombre del Ayuntamiento, tirando del cordón que de la lápida pendía, la descubrió a los acordes de la música.

Seguidamente, el ilustrado maestro de esta capital y tesorero de la Asociación de maestros, leyó unas bien escritas cuartillas, en las que de una manera magistral hace historia de las virtudes cívicas que adornaban al sabio maestro Puig Valera, al que califica de héroe porque luchó con denuedo por desterrar la ignorancia en los tiempos calamitosos en que el maestro había de luchar con todos y con todo.

Terminó saludando al pueblo de Santomera en nombre de los maestros de la capital, y enalteciendo el acto que celebraba, pues lo ponía a la cabeza de los pueblos civilizados.

Grandes aplausos coronaron el bien escrito discurso del señor Martínez Costa.

El secretario de dicha Asociación, nuestro querido amigo el maestro de Guadalupe don Julio Egea, leyó a continuación unos hermosos versos, que como todos los suyos reflejaban el sentimiento que embargaba su alma de poeta ante la grandeza del acto que se celebraba.

Repetidas veces fue interrumpido por los aplausos del público como así mismo al terminar su lectura.

Don Manuel Campillo, en nombre de los discípulos del señor Puig Valera, pronunció un hermoso discurso, en el que llama al venerado maestro padre, consolador de espíritus y benemérito de la patria por su valor auxiliando a los enfermos del cólera del año 85.

En medio de una salva de aplausos hace uso de la palabra el señor Cazaña, que lleno de emoción, comienza saludando al pueblo que saca del olvido a un mártir ignorado, a un maestro de escuela, rotulando con su nombre, para que sea inmortal, la calle Mayor, la calle principal de Santomera.

Relata las amarguras del maestro en la escuela y ensalza la labor meritoria del que un día y otro día trabaja en el laboratorio de modelar inteligencias.

Auguró que en tres actos como el que se celebraba, a los que había acudido por su cargo, no había visto nunca al pueblo tan íntimamente unido, con tanta expresión de satisfacción y alegría, como en el actual por lo que se felicitaba y felicitaba a todos, queriendo que sus palabras fueran un pregón que resonara en todos los ámbitos de España.

Dirigiéndose después a los maestros les exhortó a que imitaran las virtudes del compañero hoy festejado, pues también los pueblos saben pagar a sus maestros el servicio que en aras de su enseñanza se impone un día y otro día.

Saluda a todos en nombre del Magisterio de la provincia especialmente al hijo del hoy inmortal maestro.

Grandes aplausos siguieron al hermoso discurso del señor Cazaña.

La gran emoción que embargaba al señor Puig Campillo le impidieron pronunciar una sola palabra, y con los ojos arrasados en lágrimas abrazó al señor Cazaña, siendo aquel abrazo la condensación delo que sus labios no pudieron decir.

En el Casino de la población fueron obsequiados los invitados con dulces, licores y habanos terminando el acto en medio de la mayor satisfacción y alegría.

¡Loor al pueblo que sabe honrar a sus hijos ilustres!

El acuerdo de poner su nombre a la calle Mayor, se tomó en el Ayuntamiento de Murcia, el 5 de mayo de 1917, y la lápida se colocó el 14 de junio de del mismo año.

Hay un error en el comunicado sobre el tiempo que estuvo de maestro en Santomera, que fue de treinta años, no de treinta y seis.

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Antonio Puig Campillo, primogénito de Puig Valera e historiador del Cantón Murciano

SANTOMERA

Justo homenaje

Bien merece los honores de grandioso el acto realizado el pasado domingo para enaltecer del gran apóstol de la niñez, benemérito maestro don José Puig Valera, republicano de corazón que puso al servicio de su sana ideología todos sus entusiasmos juveniles y talento privilegiado en unión del ilustre caudillo del Cantón murciano don Antonio Gálvez Arce.

Previamente invitados por la Comisión organizadora del Círculo “Unión Republicana”, vinieron desde Cartagena sus hijos don Antonio Puig campillo, profesor de la Escuela Superior del Trabajo, ilustre publicista y entusiasta santomerano y su hermano don Manuel, joven profesor de la Escuela de Comercio de la expresada ciudad.

A las seis de la tarde precedidos por la bandera Republicana llevada por una representación de los niños de las escuelas locales, banda de música, estandarte dedicatorio por la asociación “La Caridad” fundada por el señor Puig Valera con su Junta directiva, Círculo Unión Republicana en pleno acompañando a los hermanos Puig Campillo, autoridades, maestros nacionales y el pueblo en masa, salieron en ordenada manifestación, imponente por el número y conmovedora por sus entusiasmos hacia el lugar donde está la lápida que da el nombre a la principal calle del pueblo.

A los acordes de la música y aplausos sinceros y espontáneos adornose la expresada lápida con una monumental corona de flores naturales confeccionada con especial gusto artístico por don Vicente Candel; hace uso de la palabra en nombre de los organizadores el maestro nacional don Ricardo Sánchez Manzanares el que elocuentemente ensalzó las virtudes profesionales y cívicas del maestro ya fallecido señor Puig Valera, orgullo de la clase y honra del republicanismo regional, deduciendo de sus bellas cualidades la importancia de la escuela como taller donde se forman generaciones libres y honradas, aconsejando a los santomeranos que a imitación del que fue su Maestro sepan siempre responder a los dictados de su conciencia libre ajena de claudicaciones vergonzosas, que consoliden la República Española con su trabajo y con su fe en un porvenir de justicia y libertad y dirigiéndose a la juventud les estimula a seguir por el camino del trabajo y de la decencia cívica, no haciendo caso a las amenazas histéricas de lo caído sino robusteciendo el poder constituido con su cultura y amor al estudio, formando así una generación vigorosa, valiente y honrada, que sabrá colocar sobre el sólido pedestal del trabajo la estatua redimida y triunfante de la República Española y al terminar una ovación entusiasta premió la disertación elocuente y cálida del simpático maestro de la localidad don Ricardo Sánchez.

A continuación dirige la palabra al pueblo de sus amores don Antonio Puig Campillo, que emocionado admiraba y agradecía desde lo más íntimo de su corazón este homenaje de cariño tributado a la memoria de su llorado padre que no supo nada más que amar mucho a Santomera; con elocuente palabra, con ese dominio de conocimientos que le caracteriza, hizo descripción de un trozo de la historia regional en que el gran caudillo del cantón murciano Antonete Gálvez en unión de republicanos de corazón y entre ellos su padre, escribieron un capítulo importantísimo en nuestra historia nacional, se admira del resurgir dichoso de este pueblo alentando a todos a la consolidación de nuestras conciencias de la ideología republicana, credo y fe que siempre tuvo su padre, sintiéndose más santomerano por gratitud y cariño hacia este pueblo que tan noblemente honra la memoria de aquel gran republicano y padre amantísimo y ofreciéndose a ellos de corazón para todo lo que sea cultura, engrandecimiento, cultura y libertad; premiándosele al finalizar con un nutrido aplauso, vivas y demostraciones espontáneas de entusiasmo y cariño.

Finalizado este acto que dejó imperecedero recuerdo en todos los santomeranos organizóse de nuevo la manifestación dirigiéndose a la puerta del Círculo “Unión Republicana” donde se descubrieron los retratos de los capitanes Galán y García Hernández, mártires de la libertad, diciéndose palabras alusivas al acto con vivas a la República, a Santomera y a los homenajeados.

Y para terminar una felicitación a todos los que han contribuido al éxito de estos actos que prueban la cultura y civismos de los pueblos que lo realizan y en especial del Círculo “Unión Republicana” que cuenta con las simpatías y adhesión de la mayoría de los buenos soberanos.

UNO DEL PUEBLO

Santomera 5 Mayo 1931.

¿Quién era este UNO DEL PUEBLO? No tenemos noticia, pero me atrevería a decir que seguramente fue Antonio Prior, también maestro republicano. El estilo que emplea es el mismo que en los escritos que publicaba en este diario durante la II República y que ocasionaron, junto a injustas acusaciones, que fuera represaliado enviándole a prisión y después desterrado a un pueblecito de Segovia; pero esta es otra historia que daremos a conocer próximamente.

Blas Rubio García, mayo de 2017

BIBLIOGRAFÍA

  • Biografía de Antonio Puig Campillo. José María Rubio Paredes. Cartagena, 1985
  • El Cantón Murciano. Antonio Puig Campillo. Murcia, 1986
  • El cantón Murciano. Antonio Pérez Crespo. Murcia, 1990
  • Geografía Histórica de la provincia de Murcia. Abelardo Merino Álvarez. Murcia, 1978
  • Oligarquía urbana y campesinado en Murcia (1875-1902).Mª Teresa Pérez Picazo. Murcia, 1986
  • Martínez Palao y sus doctrinas pedagógicas. A. Puig Campillo. Cartagena, 1929
  • Cervantes en Murcia y Cartagena. A. Puig Campillo. Cartagena, 1970
  • Historia de la segregación del municipio de Santomera. Cristina González y José Antonio Campillo. 1998. Inédito

PRENSA

  • El Liberal, 11 de enero de 1905
  • El Tiempo, 14 de junio de 1917
  • El Liberal, 18 de junio de 1917
  • El Liberal, 7 de mayo de 1931

REVISTAS

  • La Calle de Santomera. Enero de 2004. Artículo de Paco Cánovas
  • Santomera en fiestas. 1950 Artículos de Antonio González

INTERNET

ARCHIVOS

  • Parroquial de Santomera
  • Parroquial de Urrácal (Almería)
  • Municipal de Urrácal (Almería)
  • Diocesano del Obispado de Almería

santomeravivia

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8 Replies to “JOSÉ PUIG VALERA, OTRO CENTENARIO”

    1. Gracias por el ofrecimiento, Macario. Sé que lo haces de corazón. Contaré contigo, como he hecho en más de una ocasión. Un abrazo.

  1. Enhorabuena, Blas:
    Espero, como Mariano Sanz más arriba, que este sea el primero de «muchos» artículos que nos ilustren sobre nuestro querido pueblo, algo que tú sabes hacer como pocos.

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